Tema 8 — Emergencias en la Mar · 8.4 — Vía de agua e inundación

8.4 — Vía de agua e inundación

Puntos de mayor riesgo

Una vía de agua es cualquier entrada involuntaria de agua salada al interior del barco. Puede ser evidente, como en un abordaje, o silenciosa, como el fallo de un grifo de fondo que tarda tiempo en notarse. Los puntos más vulnerables son todos los orificios del casco: la bocina del eje de la hélice, la limera del timón, los grifos de fondo (aseos, cocina, refrigeración del motor) con sus manguitos y abrazaderas, y los orificios de la corredera y la sonda, sobre todo tras limpiarlos.

Localizar y taponar la vía

La sentina —la primera parte del barco que se inunda— suele dar la primera alerta. Conviene comprobar si el agua es salada (vía de agua real) o dulce (fuga de un tanque, sin urgencia). Mientras se organiza el achique, hay que reducir la entrada de agua con los medios disponibles a bordo:

Taponado de una vía de agua con cuñas y achique con bomba a bordo

Taponar la vía de agua mientras se achica con la bomba

Achicar

En paralelo al taponamiento, hay que poner en marcha las bombas de achique (manuales o eléctricas) de inmediato, y sumar baldes o cualquier recipiente si hay tripulación suficiente. Es recomendable tener una bomba automática con alarma en la sentina que avise sola. El motor, si está en marcha, no se para: si se inundan las baterías, se pierde también la capacidad de achicar con medios eléctricos.

Consecuencias de la inundación

Cuando entra agua en el barco se produce el efecto de superficie libre: la masa de agua se desplaza de un lado a otro con cada balance, desplazando el centro de carena rápidamente mientras el centro de gravedad baja. Si el centro de carena llega a situarse por encima del centro de gravedad de forma sostenida, el barco vuelca. La inundación también aumenta el calado y reduce la reserva de flotabilidad —el francobordo disponible—, dejando el barco más expuesto al oleaje.

Cuándo abandonar

Antes de abandonar por una vía de agua incontrolable hay que valorar la reserva de flotabilidad y los mamparos estancos del barco. Solo cuando la escora —tanto transversal como longitudinal— es continua y no deja de aumentar, hay certeza de hundimiento y es el momento de abandonar (ver 8.6).

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