El fuego es una reacción química de oxidación que necesita cuatro elementos a la vez: combustible, comburente (normalmente el oxígeno del aire), calor como energía de activación, y una reacción en cadena que mantiene la combustión. Eliminar cualquiera de los cuatro apaga el incendio: cortar el combustible (separación), quitar el oxígeno (sofocación, con una manta o un extintor de CO2), retirar el calor (enfriamiento, generalmente con agua) o romper la reacción en cadena (con extintores químicos o de polvo).

El tetraedro del fuego y el uso correcto del extintor: apuntar a la base de las llamas
La cocina combina fuego con combustible (gasoil o butano): conviene tener una manta ignífuga a mano, no cocinar con exceso de aceite y cerrar siempre las válvulas de gas. El cuarto de máquinas genera calor de forma continua y necesita buena ventilación; los fallos suelen deberse a mal mantenimiento. Al repostar combustible, sobre todo gasolina, el peligro son los vapores, no el líquido: hay que eliminar cualquier fuente de chispa mientras se reposta. Las baterías desprenden hidrógeno inflamable al cargarse, por lo que su alojamiento debe estar bien ventilado y trincado. La instalación eléctrica mal dimensionada o mal mantenida es otra fuente habitual de cortocircuitos e incendios. El pañol o cofre de pinturas —donde se guardan pinturas, barnices y disolventes— debe mantenerse cerrado herméticamente, con los envases en posición vertical y bien ventilado para evacuar los vapores.
| Clase | Tipo de combustible |
|---|---|
| A | Sólidos (madera, tela, cabos, gomaespuma) |
| B | Líquidos y sólidos licuables (combustible, aceite, disolventes, pintura) |
| C | Gases (butano, propano) |
| F | Aceites y grasas de cocina |
La antigua clase E (fuegos eléctricos) ya no forma parte de la norma UNE: un fuego de origen eléctrico se clasifica según el material que arde una vez cortada la corriente.
El equipo obligatorio incluye extintores de polvo seco (polivalentes, válidos para fuegos de clase B y también aptos para A y C), eficaces sobre la mayoría de los fuegos a bordo. Se usan apuntando a la base de las llamas, con movimiento de barrido, nunca sobre una persona ardiendo (produce quemaduras químicas). Deben revisarse cada 3 meses (estado físico), cada año (peso y presión) y retimbrarse cada 5 años. El agua es eficaz en fuegos de clase A por enfriamiento, pero no debe usarse en fuegos de líquidos de clase B (los extiende y puede hacerlos flotar en llamas) ni en fuegos eléctricos (riesgo de descarga).
Cada técnica ataca uno de los cuatro elementos del tetraedro de fuego:
Reducir el oxígeno disponible acelera la extinción. Por eso, si es posible, conviene navegar en la misma dirección y velocidad que el viento, de forma que el viento aparente sobre cubierta se acerque a cero. Navegar en contra del viento solo tiene sentido si el incendio está en popa y el barco puede alcanzar más velocidad que el propio viento, para evitar que las llamas se propaguen hacia proa.
En embarcaciones con motor de gasolina, los vapores de combustible son más pesados que el aire y se acumulan en la sentina, con riesgo real de explosión al arrancar. Por eso es obligatorio ventilar la sala de máquinas antes de dar contacto, y muchas embarcaciones incorporan un detector de gases (explosímetro) que avisa si hay concentración peligrosa.
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