Travesías y Aventura · 7 min de lectura

Rumbo al Canal de Panamá: la Guajira que se evita, Guna Yala que sorprende y la espera en Colón

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La ruta de esta vuelta al mundo
Valencia → Baleares · días aproximados de navegación efectiva entre escalas, sin contar estancias en puerto
Valencia
4 d
Gibraltar
5 d
Las Palmas (Canarias)
5 d
Mindelo (Cabo Verde)
18 d
Santa Lucía (Caribe)
8 d
Panamá
7 d
Galápagos
20 d
Marquesas (Polinesia)
7 d
Tahití
9 d
Tonga
3 d
Fiyi
9 d
Bundaberg (Australia)
14 d
Darwin (Australia)
15 d
Cocos Keeling
17 d
Mauricio
14 d
Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
13 d
Santa Elena
6 d
Isla Ascensión
24 d
Granada (Caribe)
11 d
Bermudas
14 d
Azores
7 d
Gibraltar
4 d
Baleares
← desliza para ver la ruta completa →

Santa Lucía queda atrás con las provisiones renovadas y las piernas otra vez firmes en cubierta. Desde Rodney Bay la ruta gira hacia el suroeste, dejando el Caribe oriental por el camino más directo hacia Panamá: casi ochocientas millas de agua abierta que la mayoría de la flota prefiere navegar bien lejos de la costa de Colombia, la etapa con peor fama de toda esta vuelta al mundo.

La costa que casi nadie navega pegada a tierra

La reputación de Colombia como zona a evitar viene de los años ochenta y noventa, cuando los grupos guerrilleros hacían que cualquier guía náutica recomendara pasar de largo. Constance Elson, a bordo del Lord Nelson 41 Tashtego, navegó casi toda la costa caribeña colombiana entre noviembre de 2010 y mayo de 2011 — desde la península de la Guajira hasta Sapzurro, en la frontera con Panamá — y lo contó en tres entregas para la revista Caribbean Compass. Su conclusión fue clara:

«Colombia tuvo efectivamente graves problemas con grupos guerrilleros» durante esas décadas, pero «tras una década de esfuerzo serio, con apoyo de Estados Unidos, Colombia es hoy un país muy estable».

Lo que sigue complicando la travesía no es la seguridad, sino el tiempo. Rodeando el cabo de la Guajira, donde los alisios se comprimen entre la costa y las montañas y aceleran de forma brutal, Elson describió condiciones muy exigentes incluso bien mar adentro:

«Nos mantuvimos entre seis y doce millas de la costa, con mar de fondo de dos metros y medio y viento de 17 a 25 nudos».
Es la razón real por la que la mayoría de los veleros de esta ruta prefieren quedarse muy al norte, en travesía oceánica directa hacia Panamá, antes que ir pegados a la costa disfrutando de los fondeos que sí existen en el camino.

Guna Yala, el archipiélago que no es de nadie más

Cuando por fin aparece tierra, no es todavía Panamá continental sino un mosaico de más de 365 islotes de arena y cocoteros protegidos por una barrera de arrecife casi continua: el archipiélago que hasta 2011 se conocía como San Blas y que el gobierno panameño rebautizó oficialmente como Guna Yala — «tierra guna» — al reconocer que esa era la forma correcta de escribir el nombre del pueblo que lo habita y lo gobierna. Es una comarca indígena autónoma: el Congreso General Guna decide quién fondea dónde, y en muchas islas hay que pagar una pequeña tasa directamente a la comunidad, no a ninguna autoridad portuaria panameña.

Para una tripulación que lleva semanas de travesías largas, Guna Yala es el primer respiro de verdad: agua transparente, fondeos protegidos del oleaje por el propio arrecife y ninguna prisa por seguir moviéndose mientras se decide cuándo continuar hacia el Canal.

La espera del cupo del Canal

Panamá ya no exige la inspección física del velero que se hacía antes: el trámite de arqueo (admeasurement) se hace hoy online, en el portal asem.pancanal.com, y termina con un número de identificación de barco (SIN) y un justificante que hay que llevar al banco para pagar las tasas. Solo después de esa gestión — y del pago completo — la Autoridad del Canal asigna una fecha de tránsito, que puede caer con varios días de margen respecto al momento en que el barco ya está listo para pasar.

Behan y Jamie Gifford, del Stevens 47 Totem — una de las tripulaciones que más ha documentado su vuelta al mundo en el blog Sailing Totem —, resumieron así el dilema que se encuentran casi todos los cruceristas fondeados en Colón:

«Si la fecha de tránsito asignada obliga a esperar demasiado por la zona de Colón, hay dos opciones: hacer una salida de un día hasta la histórica Portobelo, o navegar toda la noche hasta Guna Yala (San Blas)».
Muchos barcos hacen justo eso: dejan el suyo amarrado en Shelter Bay Marina, en la entrada atlántica del Canal, y aprovechan la espera para volver a San Blas o bajar a Portobelo antes de presentarse el día asignado.

El tránsito en sí no admite improvisación:

«Seis personas es la tripulación mínima durante el tránsito: el patrón, cuatro amarradores de línea y un práctico de la ACP»
, explican los Gifford — de ahí que sea habitual que varios veleros se presten tripulación entre ellos solo para completar el mínimo exigido. El de Totem, ya con todo resuelto, se completó en poco más de once horas.

Qué toca ahora

Con el arqueo hecho y la fecha asignada, lo que queda es la parte que más se recuerda de toda esta vuelta al mundo: cruzar de noche las esclusas de Gatún, amanecer flotando en el lago artificial más grande que existió en su momento, y bajar por Pedro Miguel y Miraflores directamente al océano Pacífico. Esa es la próxima escala de esta serie.

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