Travesías y Aventura · 6 min de lectura

Cruzar el Canal de Panamá en velero: el monkey's fist, la noche en el lago Gatún y la salida al Pacífico

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La ruta de esta vuelta al mundo
Valencia → Baleares · días aproximados de navegación efectiva entre escalas, sin contar estancias en puerto
Valencia
4 d
Gibraltar
5 d
Las Palmas (Canarias)
5 d
Mindelo (Cabo Verde)
18 d
Santa Lucía (Caribe)
8 d
Panamá
7 d
Galápagos
20 d
Marquesas (Polinesia)
7 d
Tahití
9 d
Tonga
3 d
Fiyi
9 d
Bundaberg (Australia)
14 d
Darwin (Australia)
15 d
Cocos Keeling
17 d
Mauricio
14 d
Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
13 d
Santa Elena
6 d
Isla Ascensión
24 d
Granada (Caribe)
11 d
Bermudas
14 d
Azores
7 d
Gibraltar
4 d
Baleares
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Con la fecha de tránsito ya asignada por la Autoridad del Canal, el velero deja Shelter Bay o el fondeadero de Colón y pone rumbo a la primera esclusa. Lo que sigue son apenas dos días de navegación, pero condensan casi todo lo que se puede sentir en un velero: subir 26 metros sobre el nivel del mar empujado por agua dulce, dormir amarrado en mitad de un lago artificial que en 1914 fue el mayor jamás construido, y volver a bajar hasta encontrarse de frente con un océano nuevo.

El asesor a bordo y las cuatro manos extra

Antes del amanecer sube a bordo un asesor de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) — no es un práctico que toma el timón, sino alguien que dirige la maniobra desde cubierta mientras el patrón sigue al mando. En los tránsitos de dos días, como es habitual en un velero, cada jornada trae un asesor distinto. Rob Murray, que transitó a bordo de su Beneteau First 435 Avant y lo contó con detalle en Bluewater Cruising Currents, resume la tripulación mínima exigida: patrón más cuatro amarradores de línea, seis personas en total contando al asesor. Si el velero no tiene tripulación de sobra, es habitual completarla con otros cruceristas fondeados en Colón esperando su propio turno — un préstamo mutuo que casi todo el mundo devuelve tarde o temprano.

El canal exige que cada barco lleve cuatro cabos de al menos 38 metros (125 pies) y entre 22 y 38 mm de diámetro, uno por cada esquina, para amarrarse dentro de la esclusa. Para un velero pequeño, la técnica preferida no es amarrarse directamente a las paredes de hormigón sino ir "en abanico": dos o tres embarcaciones atadas entre sí y centradas en la cámara, lejos del roce con el muro.

El monkey's fist

La forma en que esos cabos llegan al barco tiene nombre propio y mala fama entre quien ya lo ha vivido. Brianna Randall, que hizo de amarradora a bordo del velero Maunie (un Vancouver 38 de Graham y Dianne) y lo contó en On the Horizon Line, lo describe así:

«Un nudo elaborado envuelto sobre trozos de plomo, que te lanza un amarrador panameño despreocupado y fumando, de pie a más de quince metros sobre tu barco, en lo alto de la pared de la esclusa».
Y advierte del motivo por el que hay que estar atento en cubierta durante toda la maniobra:
«Esa mortífera bola de plomo volador parece inofensiva… pero podría dejarte fuera de combate. O tu panel solar. Seguro que una ventana, y probablemente tu ojo».
Ese cabo con el peso en la punta (el monkey's fist) es lo que ata al cabo grueso del velero, que los amarradores izan hasta arriba para pasarlo por las bitas de la esclusa. Randall describe también cómo era ir amarrada junto a otros dos veleros en la misma cámara:
«Tres veleros amarrados entre sí, con tres patrones distintos, doce amarradores distintos, tres prácticos del Canal distintos… y niños, mascotas y turistas de un ferry, todos dando órdenes y consejos contradictorios».

La noche fondeados en el lago Gatún

Tras las tres cámaras de Gatún, el velero sale al lago artificial que en su día fue el mayor del mundo, formado al represar el río Chagres. La noche se pasa amarrado en solitario a una boya gigante en mitad del lago, con la selva a ambos lados y el motor apagado. Roy y Cori McCormick, patrones del catamarán Apricus de 50 pies, transitaron el canal entre el 31 de diciembre de 2025 y el 1 de enero de 2026 y lo contaron en su blog Macs Making Tracks: entraron en Gatún a las 17:45 y completaron las tres esclusas a las 19:15, para pasar la noche de Fin de Año fondeados solos en el lago, oyendo aullidos de monos aulladores en la oscuridad. A la mañana siguiente, sobre las 12:30, entraron en la esclusa de Pedro Miguel para completar el resto del tránsito.

Bajar otra vez al nivel del mar

Pedro Miguel y Miraflores son las esclusas que devuelven al velero al nivel del mar, esta vez del lado del Pacífico. El proceso es el inverso al de Gatún: en vez de llenarse, la cámara se vacía, y el agua se retira con fuerza suficiente para notarse en cubierta. Los McCormick lo describen simplemente como el momento en que «el agua salía con fuerza para devolvernos al nivel del mar». No siempre se comparte esclusa solo con otros veleros: en el blog del velero S/V Exit, que transitó en enero de 2022 en abanico con otras dos embarcaciones y el asesor Victor, la tripulación describe la aparición de un petrolero detrás de ellos en Pedro Miguel:

«Un petrolero de ciento ochenta metros que se cierne sobre ti ya intimida bastante. Ver cómo se coloca justo detrás puede ser absolutamente aterrador».
También advierten de la parte menos vistosa de la maniobra, la tensión de los cabos durante el vaciado:
«Si no hay suficiente tensión, los barcos pueden derivar hacia las paredes de cemento. Peor aún: si la tensión no se libera a tiempo, toda la balsa de barcos empieza a escorar por el cabo que se ha quedado enganchado».

Un océano nuevo

La última cámara de Miraflores se abre directamente sobre la bahía de Panamá y el puente de las Américas. Para los McCormick, el momento de cruzar las puertas fue directamente eufórico:

«En cuanto dejamos atrás la última cámara de Miraflores, las puertas enormes se abrieron al océano Pacífico»
. La tripulación de S/V Exit, pasando bajo el mismo puente ya en aguas del Pacífico, lo resume con una imagen que cualquiera que haya cruzado el Canal reconoce:
«Con la euforia natural del momento, sentí que flotaba tanto que habría tenido que agachar la cabeza si el puente hubiera estado más bajo»
. Es un cambio de escenario casi instantáneo — de la selva y el agua dulce del lago Gatún a la marea y la sal del Pacífico — condensado en apenas dos días de navegación y menos de 80 kilómetros en línea recta.

El Canal se inauguró oficialmente el 15 de agosto de 1914, con el paso del buque de carga SS Ancon. Cada tránsito completo de un buque grande consume una media de 200 millones de litros de agua dulce del lago Gatún, que se pierden al mar en cada esclusaje porque el agua no se recicla entre cámaras — el mismo principio, a otra escala, que ha subido y bajado al velero de esta serie.

Qué toca ahora

Balboa queda ya a popa y por delante se abre el Pacífico de verdad: casi tres semanas de navegación oceánica hasta las Galápagos, la siguiente escala de esta vuelta al mundo.

SailVoyager

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