En un barco, la única «cuerda» es la del reloj: todo lo demás son cabos, que reciben un nombre distinto según su función (no es el mismo cabo el que sube una vela que el que amarra el barco a puerto). En un cabo se distinguen tres partes: el firme (la parte larga), el seno (cualquier curvatura que forme) y el chicote (su extremo).
Un buen nudo debe cumplir cinco condiciones: poder hacerse fácil y rápidamente, servir para el uso destinado, ajustarse bien al tirar de él, no correrse (salvo que se busque precisamente un nudo corredizo) y poder deshacerse con facilidad cuando se desee.
Gaza: lazo o círculo que se forma al final de un cabo, uniendo el chicote al firme mediante un nudo, trenzado o cosido.
Lasca (u «ocho»): nudo sencillo y seguro, ideal para rematar provisionalmente el extremo de un cabo y evitar que se escape por un ollao, un cáncamo o una polea.
Llano: el nudo idóneo para unir dos cabos de igual grosor (mena); es importante que ambos extremos pasen por el mismo lado del otro cabo.
As de guía: el más importante de los nudos marineros: nunca se zafa por sí solo, y por muy apretado (azocado) que esté, es fácil de deshacer. Se usa para sujetar drizas y escotas a los puños de las velas, unir dos cabos, amarrar a puntos fijos en tierra o hacer gazas. Regla nemotécnica: la «serpiente» sale del «lago», da una vuelta por detrás del «árbol» y vuelve a entrar en el «lago».
Ballestrinque: sujeta un cabo en tensión a un objeto rígido —por ejemplo, una defensa al guardamancebos—. Conviene dejar el chicote algo largo, o asegurarlo con una ligada adicional.
La tripulación debe dominar, como mínimo, el as de guía, el ballestrinque y la forma correcta de amarrar un cabo a una cornamusa (ver Tema 14).
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