Travesías y Aventura · 9 min de lectura

De Bora Bora a Tonga: un arrecife que no está en su sitio, una isla donde no se puede fondear y el día que desaparece

SailVoyager October 2026 vuelta al mundo en velero · bora bora a tonga · beveridge reef
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La ruta de esta vuelta al mundo
Valencia → Baleares · días aproximados de navegación efectiva entre escalas, sin contar estancias en puerto
⛵Valencia
4 d
⛵Gibraltar
5 d
⛵Las Palmas (Canarias)
5 d
⛵Mindelo (Cabo Verde)
18 d
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8 d
⛵Panamá
7 d
⛵Galápagos
20 d
⛵Marquesas (Polinesia)
4 d
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2 d
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1 d
⛵Bora Bora (Sotavento)
7 d
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2 d
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3 d
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9 d
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14 d
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15 d
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17 d
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14 d
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13 d
⛵Santa Elena
6 d
⛵Isla Ascensión
24 d
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11 d
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14 d
⛵Azores
7 d
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4 d
⛵Baleares
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Desde Bora Bora, el Pacífico se abre hacia el oeste sin ninguna isla grande en más de mil millas. Es la última travesía larga de la temporada en la Polinesia y llega con prisa, porque en noviembre empiezan los ciclones y hay que estar en Tonga, en Fiyi o camino de Nueva Zelanda. Por el camino, si el tiempo deja, hay dos paradas que casi nadie conoce antes de navegar por aquí: un arrecife que apenas asoma en mitad del océano y una isla de roca caliza que es un país entero, con menos de dos mil habitantes. Al final, Tonga, donde a esas alturas del año todavía crían las ballenas jorobadas.

Tres caminos hacia el oeste

Al salir de Bora Bora hay que decidir pronto por dónde ir. La ruta del norte pasa por Suwarrow, un atolón de las islas Cook del Norte donde en temporada solo viven los guardas del parque natural. La del sur toca Rarotonga, Aitutaki o Palmerston, una isla diminuta donde los descendientes de un solo colono inglés salen a recibir a los barcos. Y la directa apunta a Niue sin escalas, unas 1.100 millas.

Martin y Elizabeth Bevan, a bordo del Caduceus, salieron de Bora Bora en mayo de 2014 con la idea de parar en Suwarrow. Por el camino cambiaron de plan, «acortaron el recorrido», como titularon su diario, y siguieron directos a Niue. Fueron 1.096 millas sobre el fondo en siete días y siete horas, casi todo de popa, con una mar tendida que los empujaba. El último día el viento roló hacia la proa, como estaba previsto, y entraron en chubascos de lluvia torrencial con rachas de 30 nudos. Ya en la aproximación les avisaron de que había boyas de pesca sin luz por la zona, y la que se encontraron no estaba donde decía el aviso.

No siempre es tan tranquilo. Rob, del Yohelah, tomó la ruta del norte en 2009 y en los dos primeros días le pasaron dos frentes, con el viento «en los treinta y tantos durante unas horas». Un barco que iba detrás rompió la mayor y tuvo que ponerse al pairo doce horas mientras pasaba el frente. Otro, rumbo a Suwarrow, perdió la mayor con 40 nudos de proa. Es lo que contábamos en la entrega sobre meteorología: en este tramo la ventana importa tanto como la ruta, y salir detrás de un frente, no delante, ahorra velas.

Beveridge Reef, un arrecife que no está donde dice la carta

A unas 120 millas al sureste de Niue hay un anillo de coral casi sumergido, Beveridge Reef. Con marea alta apenas se ve la rompiente. Dentro hay una laguna de agua tranquila en mitad del océano, sin tierra, sin nadie, y con los restos de algún pesquero que no lo vio a tiempo.

Robert Holbrook pasó por allí en abril de 2008 con el Rumpelteazer. El arrecife estaba unas 25 millas al sur de su derrota y decidieron desviarse. La aproximación pedía, escribió, mucha atención a la navegación, porque una nota de la propia carta advertía que el arrecife podía estar tres millas más al noreste de lo dibujado. Encontraron la entrada, estrecha, en el extremo oeste del arrecife, que tiene forma de herradura, y la cruzaron a motor contra una corriente de tres nudos: el agua que entra por encima del arrecife con el oleaje sale por el paso. Dentro, cuatro millas de laguna. Bucearon con una manta raya negra enorme y un tiburón de casi dos metros. «Estábamos completamente solos, salvo por los restos de dos pesqueros encaramados en el arrecife», contó. Su resumen fue de dos palabras: «Paraíso desierto». Se quedaron cuatro horas y siguieron.

La lección de Beveridge sirve para cualquier sitio remoto del Pacífico: la carta electrónica no siempre es exacta. Muchas de estas islas se cartografiaron hace más de un siglo, con otros métodos y otros datums, y el GPS te sitúa al metro sobre un dibujo que puede estar desplazado una milla o más. Por eso a estos arrecifes se entra solo de día, con el sol alto y a la espalda para ver los corales, alguien en proa mirando el color del agua y sin fiarse ciegamente de la pantalla. Y si el tiempo empeora, se sale: con mal tiempo, el oleaje pasa por encima del arrecife y la laguna deja de ser refugio.

Niue, una roca en mitad del océano

Niue no es un atolón, sino una isla de coral levantada: una meseta de roca caliza con acantilados, cuevas y simas, sin laguna y sin playa. Es un país autónomo en libre asociación con Nueva Zelanda, usa el dólar neozelandés y es uno de los países menos poblados del mundo. Y para los barcos tiene una particularidad: no se puede fondear. La plataforma que rodea la isla es estrecha, el coral es frágil y enseguida cae a gran profundidad.

Por eso todos los barcos visitantes se amarran a las boyas del Niue Yacht Club, en la rada de Alofi, frente al muelle principal. Según el propio club, tiene 15 boyas, que se reservan por internet antes de llegar y cuestan 30 dólares neozelandeses al día. Las reglas de entrada son claras: en cuanto se está al alcance del VHF, hay que llamar a Niue Radio por el canal 16, dar los datos del barco y de la tripulación, y no bajar a tierra hasta que lo indiquen. El despacho cuesta 50 dólares por barco, y la tasa de salida es de 150 dólares por persona, aunque no se paga si la estancia es de menos de 24 horas ni por los menores de 12 años. Noonsite añade dos avisos: hay que llegar con el despacho de salida del último puerto, o hay multa, y en la entrada de la bahía hay dos dispositivos de concentración de peces sin luz. Las boyas se retiran en la temporada de ciclones, de noviembre a principios de abril.

La otra peculiaridad de Niue es cómo se baja a tierra. El muelle está expuesto al mar de fondo y no se puede dejar la neumática flotando amarrada a él: hay que subirla con una grúa al muelle y apartarla para que el siguiente pueda usarla. Conviene llevar una brida de tres puntos para colgarla.

La rada de Alofi solo está protegida de los alisios del este. El Caduceus se amarró a su boya antes de anochecer, y esa misma noche el viento entró del noroeste: el barco llegó a balancearse 15 grados de una banda a otra y tuvieron que montar las lonas de las literas para no caerse al dormir. Con viento del oeste, Niue no es sitio para quedarse.

Jeanne Socrates, la navegante británica que años después daría la vuelta al mundo en solitario y sin escalas, llegó a Niue en junio de 2007 con su velero Nereida. Cogió una boya recién colocada por los buzos del club, subió la neumática al muelle con un viejo polipasto, despachó en la aduana y alquiló un coche para recorrer la isla: cuevas, simas y formaciones de caliza a las que se baja por senderos entre la selva. «Niue no es un sitio turístico de lujo, sino justo lo contrario», escribió, y lo decía como un elogio. La noche antes de irse, oyó y después vio una ballena junto a la popa del barco.

El salto a Tonga, y el día que desaparece

De Niue a Vava'u, el grupo norte de Tonga, hay unas 240 millas, dos días de navegación. Jeanne Socrates zarpó un domingo por la tarde, después de un chaparrón, y navegó a orejas de burro, con la mayor a una banda y el génova a la otra, a seis nudos o seis y medio, con la mar de popa.

En este tramo pasa algo curioso: se pierde un día. Tonga está a unos 174 grados de longitud oeste, pero la línea de cambio de fecha da un rodeo hacia el este para dejarla del lado de Nueva Zelanda y Fiyi, así que al llegar el calendario salta un día de golpe. Amy y David, del catamarán Starry Horizons, salieron de Niue un jueves sobre las ocho de la tarde y llegaron a Neiafu el domingo a primera hora de la tarde. Fueron unas cuarenta horas de navegación, pero en el calendario pasaron casi tres días: «Cruzamos la línea de cambio de fecha, así que perdimos un día».

Entrando ya entre las islas de Vava'u, una ballena jorobada salió a respirar a unos quince metros de su proa, arqueó el lomo y enseñó la cola. «Es lo más cerca que hemos estado nunca de una», contaron. Más tarde, buceando en la cueva de Mariner, oyeron el canto de las ballenas durante toda la inmersión.

Las ballenas de Tonga

Las jorobadas llegan a Tonga desde la Antártida para parir y criar, y se quedan más o menos de julio a octubre. Es uno de los pocos sitios del mundo donde se puede nadar con ellas, pero con reglas: según el manual de avistamiento de cetáceos de la Comisión Ballenera Internacional, solo los operadores con licencia pueden acercarse a menos de 300 metros de una ballena y solo ellos pueden meter nadadores en el agua. Un velero particular que se cruza con una debe reducir la velocidad, mantener la distancia y dejarla pasar. Quien quiera nadar con ellas lo hace con una de las empresas autorizadas de Neiafu.

Merece la pena: una jorobada adulta puede medir quince metros, y ver a una madre con su cría es de las cosas que no se olvidan. Pero para un barco de doce metros también es un riesgo real cortarle el camino o pasarle por encima.

Despachar en Neiafu

Para entrar en Tonga hay que avisar antes de llegar y, ya cerca, llamar por el canal 16 a la autoridad del puerto de Vava'u. Los barcos despachan en el muelle principal de Neiafu, aunque no siempre es fácil. A los del Starry Horizons les tocó un lunes de crucero: el muelle de los veleros estaba ocupado y el funcionario estaba a bordo del barco grande, así que tuvieron que esperar y llegar en la neumática. Pasaron por aduanas, cuarentena, inmigración y sanidad, con idas y venidas, una carta de viaje posterior escrita a máquina y sellada, y una tasa de 100 pa'anga en la oficina de sanidad. «El despacho fue mucho más complicado que el año pasado», resumieron. Como en todo el Pacífico, los trámites cambian de un año para otro, y lo mejor es preguntar a los barcos que acaban de llegar.

Qué toca ahora

Neiafu es uno de los puertos naturales más protegidos del Pacífico Sur, y Vava'u, un laberinto de islas a pocas millas unas de otras donde se navega casi sin olas. Después de mil millas de océano, es el sitio perfecto para descansar, reparar y nadar con ballenas. Pero ya es septiembre, y el calendario de los ciclones sigue corriendo. En la próxima entrega exploramos Tonga, de Vava'u a las islas Ha'apai, antes de decidir el siguiente salto.

Si te preparas el PER o el PY, la entrada en Beveridge Reef es un buen ejemplo de por qué en el examen sigue cayendo la navegación por estima y la situación con demoras: el día que la carta o el GPS no cuadran, son las herramientas que quedan. Puedes practicarlas en el simulador de carta náutica, con la misma carta que en el examen.

SailVoyager

Practica en el simulador de carta náutica

Preparar el PER o el PY tiene que parecerse lo máximo posible a lo que ocurrirá en el examen real. La misma carta. Los mismos ejercicios. Corrección automática. Y para el CY, temario, exámenes reales y simulador de sextante.

No para memorizar. Para entender.

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