Travesías y Aventura · 7 min de lectura

Meteorología y rutas en la vuelta al mundo en velero: cómo se decide cuándo (y por dónde) hay que zarpar

SailVoyager July 2026 vuelta al mundo en velero · meteorología náutica · ventanas meteorológicas
🧭
La ruta de esta vuelta al mundo
Valencia → Baleares · días aproximados de navegación efectiva entre escalas, sin contar estancias en puerto
Valencia
4 d
Gibraltar
5 d
Las Palmas (Canarias)
5 d
Mindelo (Cabo Verde)
18 d
Santa Lucía (Caribe)
8 d
Panamá
7 d
Galápagos
20 d
Marquesas (Polinesia)
7 d
Tahití
9 d
Tonga
3 d
Fiyi
9 d
Bundaberg (Australia)
14 d
Darwin (Australia)
15 d
Cocos Keeling
17 d
Mauricio
14 d
Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
13 d
Santa Elena
6 d
Isla Ascensión
24 d
Granada (Caribe)
11 d
Bermudas
14 d
Azores
7 d
Gibraltar
4 d
Baleares
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En la entrega anterior hablamos de qué hacer cuando algo sale mal de verdad en alta mar. Pero hay una decisión que se toma mucho antes de que nada pueda salir mal: cuándo zarpar. No es una pregunta de calendario, aunque lo parezca. Es la diferencia entre cruzar un océano con viento a favor y luz suficiente para leer las olas, o cruzarlo con el mismo barco, la misma tripulación y la misma ruta, pero en la ventana equivocada.

La flota que zarpó en la fecha equivocada

El 28 de mayo de 1994, unos 35 veleros de crucero zarparon de Auckland (Nueva Zelanda) rumbo a Tonga y Fiyi, aprovechando lo que parecía el final tranquilo de la temporada de huracanes del Pacífico Sur. Entre el 1 y el 4 de junio, una borrasca extratropical —nunca llegó a clasificarse oficialmente como ciclón, pero generó vientos de más de 90 nudos y olas gigantes documentadas por varios de los barcos afectados— cayó sobre la flota en pleno tránsito. Siete veleros fueron abandonados en el mar, veinte personas fueron rescatadas y un barco se perdió con toda su tripulación. El buque de la Marina neozelandesa HMNZS Monowai, que navegaba cerca, fue desviado para participar en lo que acabó siendo el mayor operativo de rescate aéreo-marítimo de la historia de Nueva Zelanda.

Entre los barcos golpeados estaba el Sofia, de la navegante alemana Susanne Huber-Curphey, que volcó y quedó desarbolado en mitad de la tormenta; ella misma relató después, en su blog The Flying Tortoise, cómo logró llegar a puerto por sus propios medios tras el vuelco. Lo que hizo tan peligrosa aquella borrasca —conocida desde entonces como la Queen's Birthday Storm— no fue navegar en plena temporada de ciclones, sino confiar en que "final de temporada" significa "sin riesgo". No lo significa.

El calendario dice cuándo empieza y acaba la temporada seria de ciclones. El mar, no siempre se ha leído el calendario.

Las trampas que la ruta esconde

Jimmy Cornell lleva desde los años 80 documentando en su World Cruising Routes casi mil rutas de navegación oceánica, con los vientos, corrientes y ventanas óptimas de cada tramo. Uno de sus consejos más citados —y más contraintuitivos para quien no lo ha hecho nunca— tiene que ver precisamente con Galápagos: en teoría, los alisios del sureste deberían empujar a un velero directo hacia el oeste rumbo a la Polinesia. En la práctica, esos alisios estables solo se encuentran bastante al sur de las islas, así que la táctica que recomienda Cornell es contraintuitiva: poner rumbo suroeste, casi alejándose del destino, antes de girar hacia el oeste una vez encontrado el viento de verdad.

Cornell también insiste en algo que tiene menos que ver con la ruta y más con el margen de seguridad: nunca llegar a una zona tropical justo cuando se supone que empieza la temporada libre de ciclones, sino dejar un margen holgado antes del límite oficial. Y ese margen, según reconoce el propio Cornell, ha tenido que ampliarse en las últimas ediciones de su libro: el cambio climático ha alargado la duración de las temporadas de ciclones y ha hecho menos fiables los patrones que durante décadas sirvieron de referencia a los navegantes.

Cómo deciden hoy los navegantes cuándo zarpar

Behan y Jamie Gifford, la familia detrás de Sailing Totem —que ya ha aparecido en esta serie hablando de presupuesto y provisiones—, resumen su filosofía de meteorología con una sola regla, que Behan llama "Avoid Terrifying": no hace falta esperar a la ventana perfecta, ninguna travesía larga la tiene entera, pero sí hay que evitar la que da miedo. Para decidirlo, combinan varias fuentes: los archivos GRIB, que Behan describe como "manchas grises sin vida, con manchas rosas más pequeñas que marcan la intensidad de la lluvia" y que hay que aprender a interpretar más que a leer; el seguimiento de tormentas eléctricas en tiempo real; y, para travesías largas, un seguimiento por satélite tipo PredictWind.

En una travesía de 2.500 millas desde el Caribe hasta Maine, con la ruta directa por Bermudas cerrada por las restricciones de la pandemia, los Gifford optaron por una ruta costera con refugio disponible en Bahamas si la ventana se cerraba antes de tiempo. Y durante una noche de navegación frente a Florida, Behan estuvo siguiendo por radar dos tormentas que se acercaban a otros tantos barcos de la flota, y les fue dando instrucciones por radio en tiempo real: "Velocidad ahora, toda la que podáis sacar. Y diez grados más a estribor." Los dos barcos completaron la travesía sin percance. La meteorología, para ellos, no es un informe que se lee una vez antes de zarpar, sino una decisión que se revisa cada pocas horas mientras se navega.

Cuando hace falta un experto

No todos los navegantes quieren —ni pueden— convertirse en meteorólogos aficionados, y ahí es donde entran los routers profesionales. Chris Parker, hoy la voz de referencia para miles de veleros que cruzan el Caribe y las Bahamas cada invierno, empezó por necesidad: en el año 2000, fondeado en Ship Channel Cay (Exumas) confiando en un pronóstico que resultó equivocado, se encontró con el viento soplando del suroeste justo hacia una costa de sotavento, en una posición que debería haber sido segura. La experiencia le llevó a montar en 2004 su propia red de meteorología por radio SSB, que con los años se convirtió en Marine Weather Center, el servicio que hoy sigue miles de veleros cada mañana antes de decidir si zarpan o esperan un día más.

La decisión que no sale en ningún GRIB

Ninguna de estas historias reduce la meteorología náutica a una ciencia exacta —ni Cornell, ni los Gifford, ni Parker prometen certeza, solo mejores probabilidades. Pero las cuatro dejan la misma lección: la fecha de salida no es un detalle logístico que se resuelve la semana antes, es una de las decisiones que más pesa en si una vuelta al mundo termina siendo la aventura que se soñó o la historia que se cuenta después en un rescate. La flota que zarpó de Auckland en 1994 tenía barcos preparados y tripulaciones experimentadas; lo que le faltó fue margen. Y el margen, a diferencia del viento, sí se puede planificar con meses de antelación.

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