Un velero de once metros entra en un puerto con un temporal duro y lluvia casi horizontal. Le espera un hueco en la cabeza de un pantalán, con otro barco delante. El viento sopla en diagonal desde tierra, por la amura de babor. Un tripulante salta al pantalán con el cabo del centro, pero antes de que los otros dos puedan pasar los de proa y popa, la ráfaga empuja la proa medio barco hacia fuera. El cabo del centro queda tenso como una cuerda de guitarra y la aleta del barco empieza a rozar contra el pantalán.
Es uno de los casos que planteaba James Stevens, antiguo examinador jefe de Yachtmaster de la RYA (la federación británica de vela) y autor del Yachtmaster Handbook, en su sección de la revista Yachting Monthly. Su respuesta empezaba por algo que cuesta aceptar con medio puerto mirando: soltar ese cabo, dejar al tripulante en tierra, salir y volver a intentarlo. Lo veremos al final. Antes, lo que hace que un atraque salga bien a la primera.
Atracar es la maniobra que más nervios da a casi todos los patrones, también a los que llevan años navegando. No se aprende en un libro, pero sí se entiende con tres ideas: lo que hace la hélice, lo que hace el viento y para qué sirve cada cabo.
Antes de entrar en el puerto
Un buen atraque empieza fuera de la bocana. Hay que poner las defensas en las dos bandas, porque no siempre se acaba atracando por el lado previsto, y preparar los cabos de proa, de popa y del centro ya hechos firmes a bordo, con el chicote libre y adujado para darlo o lanzarlo. Cada tripulante tiene que saber qué cabo es suyo y qué hacer con él, y las órdenes deben ser cortas. En el atraque, gritar no arregla nada.
También conviene mirar el hueco antes de meterse: dónde están las cornamusas o los norays del pantalán, qué barcos hay a cada lado y, sobre todo, de dónde viene el viento. Si hay dudas, se da una pasada despacio para verlo todo y se sale otra vez. Nadie pierde nada por mirar dos veces.
La hélice no empuja recto
La mayoría de los veleros pequeños y medianos llevan una sola hélice, y esa hélice no solo empuja el barco adelante o atrás: también lo desplaza de lado. Las palas trabajan en agua más densa y con más presión abajo que arriba, y eso tira de la popa hacia una banda. Es lo que en el examen se llama presión lateral de las palas, o efecto de pala, y en los pantalanes, paso de hélice.
Una hélice dextrógira es la que, mirando desde popa, gira hacia la derecha cuando el barco va avante. Al dar avante, empuja ligeramente la popa a estribor, aunque el efecto es pequeño y el timón lo compensa enseguida. Donde se nota de verdad es al dar atrás con el barco parado: la popa cae a babor, y con fuerza. Una hélice levógira hace lo contrario.
Esto cae en el examen. Esta pregunta es del examen oficial del PER de Andalucía de marzo de 2026:
Una embarcación con hélice dextrógira está parada sin arrancada. Al dar máquina atrás con el timón a la vía la popa cae:
a) A estribor, porque al invertir el giro la hélice actúa como una levógira en avante y tanto la corriente de expulsión como la presión lateral de las palas hace caer la popa hacia esa banda.
b) A babor, ya que tanto la corriente de expulsión como la presión lateral de las palas, hacen caer la popa hacia esa banda.
c) A babor, pero únicamente por el efecto del timón sobre el flujo de agua en atrás, no por la corriente de expulsión de la hélice que lleva la popa a estribor.
d) A ninguna banda, porque con timón a la vía los efectos de la hélice se anulan.
La respuesta correcta es la b: en atrás, con el barco parado, la presión lateral de las palas y la corriente de expulsión de la hélice empujan la popa hacia el mismo lado, a babor.
¿Cómo saber hacia dónde tira tu barco? Con el barco bien amarrado, da un poco de atrás y mira por qué banda sale el agua revuelta junto a la popa. Si sale por estribor, la popa caerá a babor. Saberlo cambia la forma de atracar: lo ideal es entrar de manera que, al dar atrás para frenar, el paso de hélice acerque la popa al pantalán en vez de separarla. Con una hélice dextrógira, eso significa atracar con la banda de babor siempre que se pueda.
El timón necesita velocidad
El timón solo gobierna si el agua pasa por él. Con el barco parado, girarlo no sirve de nada. Avante, el chorro de la hélice pega en la pala del timón y el barco responde enseguida, aunque vaya muy despacio. En atrás no ocurre: el chorro va hacia proa, el timón trabaja solo con el agua que le llega por el movimiento del barco, y hasta que no hay algo de arrancada, manda la hélice.
De ahí sale un truco de pantalán: muchas veces funciona mejor un golpe corto de motor y después punto muerto que mantener poco gas todo el rato. El golpe da arrancada; en punto muerto, la hélice deja de empujar la popa de lado y el timón gobierna con el agua que pasa. Y una advertencia: muchos atraques fallan por ir demasiado despacio, no demasiado rápido. Sin arrancada, el viento coge la proa y el patrón se queda sin timón para corregirlo.
El viento manda más que el motor
Un velero tiene la quilla a media eslora y mucha superficie fuera del agua, sobre todo en proa. Con poca velocidad, la proa es lo primero que cae a sotavento. Por eso la pregunta clave antes de atracar es de dónde viene el viento respecto al hueco:
- Viento que empuja hacia el pantalán. Es el fácil. Se llega paralelo, se para el barco un poco separado y el viento lo acerca solo. Lo importante es tener buenas defensas y no llegar con velocidad.
- Viento que saca del pantalán. Es el difícil. Hay que entrar con más ángulo y más velocidad de lo que pide el cuerpo, y pasar un cabo a tierra en cuanto se toca, porque en cuanto el barco se para, el viento lo separa.
- Viento de través en una calle de pantalanes. El peligro es acabar encima del barco de sotavento.
James Stevens planteaba ese último caso con un Bavaria 34, el Sea Thrift, que tenía que entrar en un hueco de visitantes con 10 a 15 nudos soplando hacia dentro de la calle de pantalanes. Al fondo, el barco del puesto de al lado sacaba la popa hacia el canal; a sotavento había un pequeño clásico de madera muy valioso. Su plan: no girar junto a la popa del barco grande, donde el viento empujaría hacia el clásico, sino dar la vuelta fuera, en aguas abiertas; avanzar pegado al pantalán de enfrente, vigilando que el viento no lleve la proa hacia los barcos amarrados y fijándose en dónde están las cornamusas; dejar que el paso de hélice acerque la popa al pantalán; y, al parar, que el tripulante baje desde la altura de los obenques con el cabo del centro y lo haga firme en la cornamusa del medio del finger. Ese cabo del centro sujeta el barco mientras se pasan los demás. En cuanto el barco se para, el patrón hace firme el cabo de popa.
Cada cabo tiene su trabajo
En el examen y en el pantalán se usan los mismos nombres:
- Largos de proa y de popa: salen de proa hacia delante y de popa hacia atrás, y mantienen el barco en su sitio a lo largo del muelle.
- Traveses: van perpendiculares al muelle y lo pegan a él.
- Esprines: van cruzados. El esprín de proa sale de proa y se hace firme en tierra más a popa, e impide que el barco vaya avante. El esprín de popa sale de popa hacia un punto de tierra más a proa, e impide que vaya atrás.
Los esprines son la herramienta más útil para atracar y desatracar en poco espacio, porque permiten usar el motor contra el cabo para girar el barco. Un ejemplo clásico: el barco está atracado de costado con otro barco muy cerca delante y otro detrás. Para salir, se suelta todo menos el esprín de proa, se da avante poca con el timón metido hacia el muelle y, como el cabo no deja avanzar, la popa se abre. Cuando tiene ángulo suficiente, punto muerto, se suelta el esprín y se sale marcha atrás.
Al atracar funciona al revés: con un cabo desde la cornamusa del centro hecho firme en tierra un poco más a popa y el motor avante poca, el barco se pega solo al pantalán y se queda quieto mientras se pasan los demás cabos, aunque el viento sople de tierra. Mucha gente que navega en solitario lo usa como primera y única maniobra: un cabo del centro ya medido, con una gaza, que se deja caer sobre la cornamusa al pisar el pantalán.
El amarre de popa, el del Mediterráneo
En los puertos del Mediterráneo lo normal no es atracar de costado, sino de popa al muelle, con la proa sujeta a una muerta del fondo (que se coge con una guía desde el muelle) o al ancla propia. Aquí el paso de hélice es protagonista, porque hay que dar atrás un buen rato entre dos barcos.
Algunas claves: empezar a dar atrás lejos del hueco, para que el barco tenga arrancada antes de llegar y el timón ya gobierne; si la popa empieza a caer hacia el lado del paso de hélice, poner punto muerto unos segundos, porque sin hélice el barco sigue recto con el timón; colocar defensas altas en las dos bandas, porque vas a rozar con los vecinos; y tener preparadas las dos amarras de popa. Si se fondea con el ancla propia y hay viento cruzado, se larga un poco a barlovento del hueco, para que la cadena sujete la proa mientras se entra.
Cuando sale mal
Volvamos al barco del principio, con la proa abierta medio barco por el temporal y la aleta rozando. Stevens lo tenía claro: primero, proteger el barco. Hay que soltar el cabo del centro, aunque el tripulante se quede en tierra, para que la popa deje de sufrir. Intentar acercar el barco tirando de ese cabo con un temporal no es posible. Después, salir y repetir la maniobra. En la segunda pasada, el tripulante que ya está en tierra recoge el cabo de proa desde el barco, y luego todos los demás. Lanzar cabos contra el viento es inútil, advertía. Y en un temporal dentro de un puerto, el motor se usa con decisión: acelerones cortos y fuertes, timón bien llevado.
Hay otras reglas que no cambian nunca:
- Nadie para el barco con las manos ni con los pies. Varias toneladas de barco contra un pantalán aplastan cualquier cosa. Para eso están las defensas y los cabos.
- Nadie salta al pantalán desde lejos. Se baja cuando el barco está pegado, desde la zona de los obenques, que es la más ancha y estable.
- Ningún cabo en el agua cerca de la popa. Si se enreda en la hélice, el motor se para en el peor momento.
- Abortar a tiempo no es fracasar. El patrón que sale y repite es el que no tiene que dar un parte al seguro.
Practicar sin rayar el casco
El problema de las maniobras es que en la escuela se practican pocas veces y con un instructor al lado, y después, el primer día con tu barco, toca hacerlo sola o solo y con viento. Por eso hemos creado el simulador de maniobras 3D de SailVoyager. Tiene la física del paso de hélice, del viento y de la arrancada que explica este artículo, y trece maniobras: atraque y desatraque de costado, amarre de popa, ciaboga en poco espacio, coger una boya, fondeo, hombre al agua y cuatro situaciones del RIPA. Cada una tiene una demostración, «Ver cómo se hace», para ver la maniobra bien hecha antes de intentarla.
Se puede probar sin registrarse, en pruebas cortas, y con una cuenta gratuita tienes 24 horas de acceso completo a todos los simuladores. Si te preparas el PER, las preguntas de maniobra de los exámenes reales están en la sección de exámenes oficiales, con su explicación.
Practica en el simulador de carta náutica
Preparar el PER o el PY tiene que parecerse lo máximo posible a lo que ocurrirá en el examen real. La misma carta. Los mismos ejercicios. Corrección automática. Y para el CY, temario, exámenes reales y simulador de sextante.
No para memorizar. Para entender.
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