Travesías y Aventura · 9 min de lectura

De Tonga a Fiyi: el paso con peor fama del Pacífico, un muro de coral y kava para el jefe

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La ruta de esta vuelta al mundo
Valencia → Baleares · días aproximados de navegación efectiva entre escalas, sin contar estancias en puerto
⛵Valencia
4 d
⛵Gibraltar
5 d
⛵Las Palmas (Canarias)
5 d
⛵Mindelo (Cabo Verde)
18 d
⛵Santa Lucía (Caribe)
8 d
⛵Panamá
7 d
⛵Galápagos
20 d
⛵Marquesas (Polinesia)
4 d
⛵Tuamotu (Fakarava)
2 d
⛵Tahití
1 d
⛵Bora Bora (Sotavento)
7 d
⛵Niue
2 d
⛵Tonga
3 d
⛵Fiyi
9 d
⛵Bundaberg (Australia)
14 d
⛵Darwin (Australia)
15 d
⛵Cocos Keeling
17 d
⛵Mauricio
14 d
⛵Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
13 d
⛵Santa Elena
6 d
⛵Isla Ascensión
24 d
⛵Granada (Caribe)
11 d
⛵Bermudas
14 d
⛵Azores
7 d
⛵Gibraltar
4 d
⛵Baleares
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Tonga se despide con ballenas y con una advertencia que se repite en todas las guías. Jimmy Cornell lo dejó escrito en World Cruising Routes, y muchos navegantes lo copian en sus blogs antes de zarpar: los pasos entre Tonga y Fiyi tienen fama de ser los más peligrosos del Pacífico Sur. No es por la distancia, que son unas cuatrocientas millas, ni por el tiempo, que en temporada suele ser de alisio. Es por lo que hay al final: las islas Lau, un muro de arrecifes, islotes y bajos que cierra Fiyi por el este y que hay que cruzar, casi siempre, de noche.

Cuatrocientas millas y un muro de coral

Desde Vava'u hasta Savusavu, el puerto de entrada más cómodo para quien llega del este, hay entre 440 y 450 millas. Las primeras casi trescientas son océano abierto. Lo difícil empieza cuando aparecen las Lau: decenas de islas sin luces, con corrientes fuertes entre ellas y unas cartas que, según cuentan desde hace veinte años quienes las navegan, no terminan de cuadrar con la realidad.

Por eso la ruta se elige con cuidado. El paso más directo es el de Oneata, de unas cinco millas de ancho. Cornell recomienda dejarlo y cruzar por el paso más ancho que hay entre Ongea Levu y Vatua, y avisa de los peligros de navegar de noche al oeste de Oneata, donde ninguna isla tiene luz. Más al norte está el paso de Nanuku, con el faro de Wailagilala, que según algunos diarios de navegación no siempre funciona. En los tres casos, el plan es el mismo: calcular la salida para cruzar el arrecife con buena luz o, si toca de noche, hacerlo por el paso más ancho, con el radar encendido y alguien en cubierta.

La familia Hacking, a bordo del Ocelot, cruzó el paso de Oneata a las siete de la mañana, camino de Suva, en octubre de 2004. Hicieron 450 millas en 75 horas, a unos seis nudos de media. Su diario lo resume con dos avisos: «las cartas aquí son notoriamente inexactas», y los arrecifes casi no devuelven eco al radar. Al acercarse a Suva siguiendo el arrecife del sur vieron por qué había que tomárselo en serio: el arrecife «estaba sembrado de pesqueros chinos naufragados».

Lo que se rompe por el camino

Cindy y Rick, del Cool Change, un Pacific Seacraft 31, salieron de Vava'u hacia Vuda Point, en la isla grande de Viti Levu, con una travesía prevista de unas 600 millas y cuatro días y medio. La salida de Tonga tuvo algo de ceremonia informal: después del despacho en la aduana les dijeron que se marcharan cuanto antes, «bajo palabra». Los dos primeros días, con olas de más de dos metros y unos 20 nudos de viento real, navegaron 242 millas para avanzar 180.

Y luego empezó la lista. El piloto automático ya fallaba antes de salir, así que gobernó el timón de viento, al que llaman Charlie. Con el motor en marcha se deshizo el contacto de arranque y la llave se cayó al suelo; lo arreglaron dejándolo en posición de encendido y poniendo un interruptor aparte para la bomba de gasoil. Después falló el panel de la bomba de achique y apareció una fuga en el inodoro, dos averías que achacan a los dos años que el barco pasó parado durante la pandemia. «Era todo tan ridículo que solo podíamos reírnos», escribió Cindy.

De noche hubo chubascos seguidos y un susto que conoce cualquiera que haya hecho guardias: un pesquero muy iluminado, sin AIS, que en el radar iba a rumbo de colisión. Cambió de rumbo a una milla. Un pesquero faenando de noche no se reconoce por cuántas luces lleva, sino por cuáles, y lo contamos con detalle en el artículo sobre cómo identificar un barco o una boya de noche. Pasaron además a unas quince millas de Home Reef, el volcán submarino tongano que en septiembre de 2022 estaba levantando una isla nueva. Les sobraron casi cien millas sobre lo previsto, casi un día más. Y llegaron de noche, así que fondearon fuera de la marina, con la bandera amarilla izada, y esperaron al amanecer.

Una travesía tranquila también existe

No todos lo cuentan así. Amy y David, del Starry Horizons, a quienes seguimos desde la Polinesia, hicieron el salto en 2016 en algo más de tres días para 453 millas. Salieron con el screecher y el génova a un largo, al día siguiente pasaron a dos génovas a orejas de burro y, treinta y seis horas después, el viento murió y entraron a motor. El viento aparente no pasó de 15 nudos, así que no hizo falta rizar en ningún momento. Es la otra cara de esta ruta: el alisio de popa, cuando se porta bien, hace del Pacífico Sur una autopista.

Para la mayoría, sin embargo, queda algo en medio. Marianne Urth, que lo contó en Yachting World, describe la travesía de unas cuatrocientas millas como «bastante movida», entre picos volcánicos y chubascos que les obligaron a quitar trapo. Llegaron a Savusavu de madrugada y descubrieron otra dificultad: el canal es estrecho, está lleno de barcos amarrados y tiene unas pocas balizas sueltas y sin luz. A las dos de la mañana nadie contestaba por radio desde la marina.

La entrada en Fiyi: papeles antes que playas

En Fiyi, como en todo el Pacífico, se entra por un puerto oficial: Savusavu, Suva, Lautoka o Port Denarau, y en la práctica también Vuda Point, junto a Lautoka. Hay que avisar con antelación (Noonsite habla de al menos 24 horas para la oficina de Bioseguridad, y otras guías piden el formulario de aduanas 48 horas antes), y la tripulación no baja a tierra hasta que está despachada. Lo que más se repite es el aviso sobre las Lau: aunque estén en el camino, no hay ningún puerto de entrada en ellas, y quien fondea allí antes de despachar en Savusavu o Suva se arriesga a multas fuertes. El permiso de navegación por el país es gratuito y, según Noonsite, ahora incluye las Lau, aunque varias fuentes recientes hablan todavía de un permiso aparte. Conviene confirmarlo en la aduana antes de salir hacia el este.

El Starry Horizons despachó en Savusavu y lo dejó apuntado paso a paso. Cogieron una boya de la marina Waitui, que además ayuda con el papeleo. Hacia las doce y media subió a bordo Sanidad, que roció el barco con repelente de mosquitos y cobró 250 dólares fiyianos, unos 125 dólares estadounidenses. Después de comer llegaron aduanas, inmigración y bioseguridad. La factura de aduanas se pagó sin problema; la de sanidad había que pagarla en el hospital, a tres kilómetros. La marina tramitó el permiso de navegación, que luego hubo que llevar a la aduana para las firmas finales. «Fue mucho ir y venir, y casi dos días enteros para tenerlo todo», escribió Amy. Aun así, Savusavu acabó siendo uno de sus puertos favoritos de Fiyi.

Hay un último detalle, menos burocrático. Tonga va con trece horas de adelanto sobre la hora universal y Fiyi con doce, así que al llegar se atrasa el reloj una hora. Las Lau quedan a caballo del meridiano 180, pero la línea internacional de cambio de fecha se desvía al este para dejar a todo Fiyi en el mismo día. El día que perdimos al llegar a Tonga no se recupera aquí.

Kava para el jefe

Savusavu es el sitio donde se compra lo que no se encuentra en las islas: comida, gasoil, una tarjeta de teléfono y, sobre todo, raíces de kava, la yaqona. En Fiyi no se fondea delante de una aldea sin pedir permiso. Se baja a tierra, se pregunta por el turaga ni koro, el jefe de la aldea, y se le ofrece la kava en la ceremonia del sevusevu. Marianne Urth la vivió en Vanua Balavu: raíces envueltas en papel de periódico, un sulu atado a la cintura, los hombros tapados, un donativo y la firma en el libro de visitas, mientras el jefe bendecía a la tripulación en fiyiano. Desde ese momento, la aldea entera sabe quién eres.

Al sur de las Lau no hay tiendas ni servicios médicos, ni barcos regulares de suministro desde la isla principal. Todo lo que no se lleve desde Savusavu, no existe. Y las cartas, insiste ella, «a menudo no son del todo fiables». Por eso, como dice en su artículo, solo los navegantes muy decididos dan el salto hasta el sur de las Lau. Es justo lo que nos toca ahora.

Qué toca ahora

Ya estamos despachados, con la kava en la bodega y el permiso firmado. En la próxima entrega volvemos hacia el este, contra el viento, para conocer las Lau desde dentro: las islas que casi nadie visita, sus lagunas y la vida en las aldeas, antes de poner proa hacia el oeste, a Australia.

Si te preparas el PER o el PY, esta travesía tiene dos lecciones de examen. La primera es el balizamiento: Fiyi usa la región A de la IALA, como Europa, y para Cindy y Rick, acostumbrados a la región B de América, las luces de los canales salían al revés. La segunda son las luces de los barcos, que de noche son lo único que se ve de un pesquero. Para practicarlas tienes el test de luces del RIPA, el simulador de radar y nuestra nueva app Luces y balizas, que funciona sin conexión, justo como en mitad del Pacífico.

SailVoyager

Practica en el simulador de carta náutica

Preparar el PER o el PY tiene que parecerse lo máximo posible a lo que ocurrirá en el examen real. La misma carta. Los mismos ejercicios. Corrección automática. Y para el CY, temario, exámenes reales y simulador de sextante.

No para memorizar. Para entender.

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