Con el muelle libre a ambos lados y sin viento ni corriente apreciables, basta con largar todas las amarras salvo un través, dar atrás suave para separar el costado del muelle y, una vez despejado, meter avante con el timón hacia el rumbo de salida.
Cuando el viento o la corriente empujan el barco contra el muelle, largar amarras sin más suele ser imposible: el barco no se separa. La solución es dejar firme un esprín —normalmente el de popa— y largar el resto de amarras. Con el esprín corto, se da avante suave con el timón metido hacia el muelle: la proa se abre y se separa del muelle pivotando sobre el esprín, protegida por las defensas en el punto de contacto. En cuanto la proa tiene ángulo suficiente para salir con seguridad, se larga el esprín, se endereza el timón —o se mete hacia el lado contrario al muelle— y se mantiene el avante para completar la salida, alejándose por la proa.

Desatraque pivotando sobre un esprín de popa: la proa se abre del muelle
Cuando no hay amarras que sirvan de pivote pero sí espacio para maniobrar, dar atrás aprovechando el paso de hélice (ver 7.3) ayuda a separar la popa del muelle en el sentido en que ésta «quiere» caer de forma natural, reduciendo la necesidad de corregir con el timón —que, recuérdese, apenas gobierna en marcha atrás—.
Comprobar siempre: motor en marcha y calentado, defensas colocadas en el costado que va a rozar durante la maniobra, tripulación informada de qué amarra se larga y en qué orden, y vía de escape libre de otras embarcaciones, boyas o bajos.
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