Travesías y Aventura · 10 min de lectura

El presupuesto real de la vuelta al mundo en velero: lo que dicen quienes ya la han hecho

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Hay un momento, en algún punto de la travesía del Pacífico, en el que un patrón se sienta frente al ordenador con la conexión por satélite a precio de oro, abre la hoja de cálculo que llevaba año y medio sin tocar, y hace una cuenta que no le gusta. A la familia Gifford —Behan, Jamie y sus hijos, conocidos en medio mundo navegante como Sailing Totem— les pasó a los dos años de haber zarpado: les quedaba, según contaron después en un reportaje de Cruising World, poco más de medio año de fondos. La decisión que tomaron dice mucho de cómo funciona esto de verdad: en vez de dar la vuelta y volver a casa antes de quedarse sin presupuesto, siguieron adelante por el Pacífico Sur. Habían entendido algo que solo se aprende navegando: el presupuesto de una vuelta al mundo no se rompe por lo previsible. Se rompe por lo que nadie mete en la hoja de cálculo.

En la entrega anterior hablamos de qué velero elegir y qué ruta seguir. Toca ahora la pregunta que de verdad decide si el proyecto despega: ¿cuánto cuesta esto en realidad, y en qué se va el dinero que no esperabas gastar?

Una encuesta que lleva décadas haciéndose la misma pregunta

Jimmy Cornell, el navegante que más ha sistematizado el conocimiento sobre circunnavegación, lleva años recopilando la World Cruising Survey: una encuesta a cientos de veleros que están, en ese mismo momento, dando la vuelta al mundo. Sus datos, publicados en Noonsite.com —la referencia que casi todo crucerista consulta antes de zarpar—, y contrastados con los que recoge la revista Yachting World entre navegantes con varios años de experiencia a sus espaldas, dibujan un mapa de presupuestos mucho más amplio de lo que parece a primera vista.

En un extremo están los que viven con 400-500 dólares al mes: fondean casi siempre, evitan las marinas como quien evita un peaje innecesario, pescan lo que pueden y compran en mercados locales en vez de supermercados pensados para turistas. En el otro extremo, los que reportan 4.700 dólares mensuales o más combinan marina con fondeo, no renuncian a Starlink y viven la travesía con un nivel de confort que se parece más a una segunda casa flotante que a una aventura austera. En medio, la franja que Yachting World considera "realista" después de escuchar a navegantes con años de crucero —entre 1.500 y 2.500 libras, unos 1.750 a 2.900 euros al mes— es donde se sitúa la inmensa mayoría de las tripulaciones que de verdad completan la vuelta.

Lo revelador del dato no es el rango en sí, sino lo que explica: según la propia síntesis de Noonsite, el coste mensual real cambia sorprendentemente poco según la zona del planeta en la que estés. Lo que de verdad mueve la aguja no es si navegas por el Caribe o el sudeste asiático, sino cuántas noches pagas marina en vez de fondear, y cuánto necesitas de comunicación con tierra.

Lo que se le olvida a casi todo el mundo

Volvamos a Sailing Totem, porque su caso es el más instructivo de cuantos se han contado en público. Cuando Behan Gifford repasó después qué había desviado su presupuesto, no señaló la comida, ni el fondeo, ni siquiera el mantenimiento rutinario —esas partidas, dice, se ajustan solas con la experiencia. Señaló los vuelos de emergencia a casa: no solo el billete de avión en sí, que ya duele, sino la factura de marina que se sigue pagando mientras el barco está vacío, y el dinero que hay que dejarle a alguien de confianza para que lo vigile mientras no estás. Señaló también las reparaciones que aparecen sin avisar y el papeleo en países donde la aduana exige un agente local de pago obligatorio antes de dejarte ni siquiera bajar a tierra.

Ese patrón —el presupuesto no falla por lo cotidiano, falla por lo excepcional que tarde o temprano deja de ser excepcional— se repite en prácticamente todos los testimonios que ha recopilado Cornell a lo largo de los años. Por eso cualquier presupuesto serio necesita, además de una cifra mensual, un colchón que no es opcional.

Lo que cuesta de verdad cada cosa

Hay dos partidas que casi todo el mundo subestima al hacer números por primera vez, y que merece la pena poner en cifras concretas en vez de en porcentajes abstractos.

La primera es el seguro. Un seguro de casco para navegación costera —el que cubre un velero que no se aleja mucho de su puerto base— suele rondar el 1,5-2% del valor declarado del barco al año. En cuanto ese mismo barco se declara para navegación oceánica sin límites geográficos, la prima sube: las pólizas reales que se han hecho públicas en foros de cruceristas se mueven entre el 3% y el 4% del valor asegurado, con franquicias que pueden llegar a los 5.000 dólares. Para un velero de 40-45 pies bien equipado —el rango que vimos en la entrega anterior, con un valor típico de 150.000 a 250.000 euros—, eso se traduce en algo así como 4.500 a 10.000 euros al año solo de seguro. Dicho en mensual: entre 375 y 850 euros que hay que tener reservados antes de soltar el primer cabo, y eso suponiendo que no haya un siniestro de por medio.

La segunda es el Canal de Panamá, la puerta obligatoria entre el Caribe y el Pacífico para casi cualquier ruta clásica. La Autoridad del Canal tiene una tarifa publicada y nada ambigua: un velero de menos de 65 pies de eslora —cualquier embarcación de recreo de las que hablamos en esta serie, incluido un barco de 14 metros— paga un peaje base de 2.150 dólares. A eso hay que sumarle, desde enero de 2025, una tasa de reserva de turno de 500 dólares, una inspección de 75 dólares y un depósito de seguridad de 165 dólares que sí se recupera. Sumando lo que no vuelve, el cruce de un único velero por el Canal de Panamá cuesta hoy en día algo más de 2.700 dólares —unos 2.500-2.600 euros—, sin contar la propina o el pago a los "line handlers" si decides contratar ayuda local en vez de pedirle a otra tripulación que te haga el favor a cambio de hacerlo ellos contigo después.

Estas dos partidas, por sí solas, ya explican buena parte de la diferencia entre lo que alguien cree que va a gastar antes de zarpar y lo que termina gastando en realidad.

Entonces, ¿cuánto hace falta de verdad?

Conviene ser preciso con lo que significa cada cifra, porque es fácil confundir presupuesto de vida a bordo con presupuesto total. Cuando se habla de 500-800 euros al mes en el extremo más austero, esa cifra no es solo comida: es el conjunto de gastos corrientes de vivir a bordo fondeado la mayor parte del tiempo —comida, algo de combustible, el gas de cocinar, comunicaciones mínimas y poco más—. No incluye ni el seguro, ni el mantenimiento mayor, ni los peajes de canales, ni los imprevistos. Esas partidas son anuales o puntuales, y hay que sumarlas aparte.

Puesto todo junto, para una pareja navegando en un velero de 38-45 pies, el mapa queda más o menos así. En el modo austero, la vida cotidiana a bordo puede sostenerse con 500-800 euros al mes, pero a eso hay que sumarle entre 3.000 y 5.000 euros al año en seguro y un colchón mínimo de otros 3.000-5.000 euros para imprevistos —sin ese colchón, cualquier reparación seria obliga a interrumpir la vuelta—. En el modo realista, el que la mayoría de cruceristas con experiencia describe como tal, la vida a bordo sube a 1.750-2.900 euros mensuales, el seguro y el mantenimiento mayor (ese 10% del valor del barco al año que se repite en todos los testimonios) añaden otros 600-1.000 euros mensuales de media, y los canales y trámites de aduana se afrontan sin sobresalto porque ya estaban previstos. El modo confortable, con marina frecuente y Starlink, ronda los 4.000-5.000 euros al mes o más, y a esas alturas un imprevisto como el de Sailing Totem se absorbe sin poner en riesgo el resto de la travesía.

Cómo lo financia quien ya lo está haciendo

Entre las tripulaciones que están navegando ahora mismo, tres fórmulas se repiten más que ninguna otra. La primera es alquilar la vivienda habitual mientras se navega, probablemente la fuente de ingresos pasivos más común entre cruceristas europeos, y la que mejor amortigua justo esos gastos extra que aparecen sin avisar. La segunda es el trabajo remoto a bordo, cada año más viable gracias a la conectividad por satélite, aunque rara vez compatible con las travesías largas sin escalas. La tercera, la más tradicional, es el ahorro previo con una fecha de salida fija: calcular los años de crucero casi como quien calcula una jubilación anticipada, y zarpar solo cuando el número cuadra de verdad, colchón incluido.

Hay una cuarta vía, más reciente pero cada vez más visible: convertir la propia travesía en contenido. El caso más citado es el de Sailing La Vagabonde, la pareja australiana que navega desde 2014 y ha construido un canal de YouTube con más de un millón y medio de suscriptores: entre publicidad, Patreon, patrocinios de marcas náuticas como Raymarine o Helly Hansen y su propia línea de merchandising, sus ingresos combinados se han estimado en varias decenas de miles de dólares al mes. Es, eso sí, la excepción más que la norma —hacen falta años de constancia y una producción casi profesional para llegar ahí—, pero el modelo ha inspirado proyectos similares, incluido alguno español: la expedición Vuelta Vertical (seguida también como Allende los Mares) documenta en directo, con cámaras a bordo y seguimiento del rumbo en tiempo real, un intento de conectar los dos círculos polares —Ártico y Antártida— en una sola temporada de navegación. Para la mayoría, contar la aventura no sustituye al ahorro previo, pero sí puede convertirse, con tiempo y constancia, en una fuente de ingresos que ayuda a estirar la travesía.

El presupuesto no falla por lo que cuesta navegar. Falla por lo que no se incluyó en la hoja de cálculo.

Sailing Totem lo aprendió a dos años de zarpar y decidió seguir adelante igual; la diferencia entre su historia y la de quien tiene que volver antes de tiempo no fue la suerte, fue el colchón que habían dejado preparado por si acaso.

Mientras haces tus propios números, hay una parte del proyecto que no depende del presupuesto, sino solo de las horas que le dediques: la titulación. El simulador de carta náutica de SailVoyager te ayuda a tenerla lista mientras decides cuánto necesitas ahorrar para lo demás.

Esta es la tercera entrega de nuestra serie sobre la vuelta al mundo en velero. Próximos artículos: provisiones para travesías oceánicas y seguridad en alta mar.

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