Bitácora · 9 min de lectura

Qué revisar al comprar un velero de segunda mano

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Comprar un velero de segunda mano es, casi siempre, la puerta de entrada real a la navegación: la mayoría de los barcos que se ven en un puerto no salieron de fábrica hace un mes, salieron de una operación de compraventa hecha por alguien que un día tuvo las mismas dudas que tú tienes ahora. La buena noticia es que un velero usado bien elegido puede darte veinte años más de navegación sin sobresaltos. La mala es que un velero mal elegido puede convertirse en el agujero negro económico más caro que hayas conocido nunca. La diferencia entre uno y otro casi nunca está en el precio de venta: está en lo que se revisa antes de firmar.

La documentación, antes de subir a bordo

Antes de fijarte en una sola veta del casco, pide papeles. Un vendedor serio los tiene todos a mano; si alguno "aparecerá más adelante", es la primera señal de alarma.

  • Hoja de asiento y matrícula — confirma que el vendedor es el propietario real y que el barco no tiene cargas ni embargos.
  • Certificado de navegabilidad e ITB en vigor (inspección técnica de buques), con el historial de inspecciones anteriores.
  • Factura de compra original o contratos de compraventas anteriores, para reconstruir el historial de propietarios.
  • Historial de mantenimiento: facturas de varadas, cambios de motor, velas nuevas, reparaciones de jarcia. Un propietario que ha guardado esto durante años suele ser un propietario que ha cuidado el barco.
  • Seguro y si ha habido algún siniestro declarado (varada, colisión, vía de agua).

Si el barco procede de un chárter o de una flota de alquiler, no es necesariamente mala señal —suelen tener mantenimiento programado más estricto que un particular—, pero sí revisa las horas de motor y el desgaste de winches, guías de driza y cabos: un barco de chárter navega mucho más que uno de recreo particular.

El casco: la revisión que no puedes saltarte

El casco es la estructura que separa el mar de la tripulación, así que aquí no se improvisa. Con el barco todavía en el agua puedes hacerte una primera idea, pero la revisión seria se hace en seco, con el barco fuera del agua en una varada.

  • Golpea el casco con los nudillos o con un pequeño martillo de goma, centímetro a centímetro si hace falta, escuchando cambios de sonido: un "toc" sordo y apagado frente a uno metálico y limpio puede indicar delaminación o núcleo de sándwich empapado.
  • Revisa la quilla y sus pernos: óxido, grietas en la unión casco-quilla o una línea de sellador agrietada son señales de que ha habido movimiento (a menudo por una varada o un golpe con el fondo).
  • Comprueba el timón: juego excesivo, holguras en la mecha o corrosión en la pala.
  • Pasacascos y válvulas de fondo (skin fittings): deben cerrar con firmeza, sin resistencia excesiva ni fugas. Cada agujero por debajo de la línea de flotación es, literalmente, una vía de agua controlada — que tiene que estar perfectamente controlada.
  • Gelcoat: el ampollado superficial leve es habitual y no siempre es osmosis grave, pero conviene documentarlo y preguntar si se ha tratado antes.

Motor y sistemas: lo que más dinero esconde

El motor es, con diferencia, el componente que más caro sale reparar y el que menos se ve a simple vista. No hace falta ser mecánico para hacer una primera criba honesta.

  • Arranca en frío, sin ayuda previa. Un motor que cuesta arrancar o que humea de forma excesiva al encender está avisando de algo.
  • Color del humo de escape: negro (mezcla rica o inyectores sucios), azul (quema aceite, segmentos o guías de válvula desgastados) o blanco persistente más allá del arranque en frío (posible entrada de agua o junta de culata).
  • Nivel y aspecto del aceite: si tiene aspecto lechoso, hay agua mezclada, y eso rara vez es una reparación barata.
  • Horas de motor en el cuentahoras frente al historial de mantenimiento — no todas las horas pesan igual: un motor con revisiones cada 200 h aguanta mucho mejor que uno desatendido con la mitad de horas.
  • Estado del intercambiador de calor, del rodete de la bomba de agua salada y de los filtros de combustible.
  • Sistemas eléctricos: baterías, alternador, paneles solares si los hay, y el estado del cableado — la corrosión en los bornes y conexiones sueltas son la avería más común y más evitable a bordo.

Aparejo, velamen y jarcia

Un juego de velas nuevo puede costar varios miles de euros, así que su estado influye directamente en lo que deberías pagar por el barco.

  • Despliega cada vela (mayor, génova o foque, y spinnaker si lo lleva) y revisa costuras, decoloración, agujeros de polilla y el estado de la baluma, el grátil y los puños — si están rígidos o quebradizos, están al final de su vida útil.
  • Jarcia firme (obenques, estays): busca hilos rotos ("coca" o "gato" en el cable), terminales oxidados o deformados. Un cabo de acero con más de 10-15 años merece una revisión profesional antes de zarpar lejos de puerto con él.
  • Jarcia de labor (drizas, escotas, amantillos): desgaste en los puntos de roce con poleas y guías.
  • Winches: que giren con suavidad y sin ruidos extraños al forzarlos con la manivela.
  • Mástil y botavara: busca corrosión galvánica en la base del mástil (donde se apoya en la quilla o en cubierta) y grietas en los herrajes.
Un patrón con experiencia lo resume así: "El casco casi nunca te falla por sorpresa; el aparejo, sí. Por eso se revisa con más lupa lo que puede romperse en plena mar que lo que se ve estático en el puerto."

Electrónica y equipo de seguridad

Comprueba que todo enciende y responde, no solo que está instalado:

  • GPS/plotter, piloto automático, sondas y corredera — y si las actualizaciones de cartografía siguen siendo compatibles con el modelo.
  • Radio VHF fija y su antena (una prueba de recepción con el canal 16 dice mucho en pocos segundos).
  • Balsa salvavidas: fecha de la última revisión obligatoria — si está caducada, es un gasto inmediato que hay que sumar al precio de compra.
  • Chalecos salvavidas, bengalas y extintores: fechas de caducidad.
  • Achique: que la bomba de sentinas (manual y eléctrica) funcione de verdad, no solo que esté instalada.

Humedad y ósmosis: el olor que lo dice todo

Antes de fijarte en nada más, entra en la cabina y respira. Un olor a humedad persistente, moho en tapicerías o mamparos, o condensación excesiva en los cristales son señales de una filtración que alguien no ha resuelto —o ha ocultado con un buen ambientador antes de la visita—.

La ósmosis (ampollas llenas de líquido ácido bajo el gelcoat, por debajo de la línea de flotación) es habitual en cascos de poliéster con muchos años en el agua y, si es leve, no tiene por qué descartar la compra: es tratable. Lo importante es saber si está presente, calcular el coste real del tratamiento y negociarlo en el precio — no descubrirlo tras la firma.

La prueba de mar

Nunca compres un velero sin navegarlo. En la prueba de mar, además de disfrutar, evalúa con cabeza fría:

  • Cómo ciñe y cómo vira — un barco que no ciñe bien puede tener un problema de quilla, de timón o de trapo mal cortado.
  • Ruidos anómalos del motor bajo carga, no solo al ralentí.
  • Comportamiento del piloto automático si lo lleva.
  • Estanqueidad real: entra abajo durante la navegación y comprueba si entra agua por algún punto que en puerto, con el barco quieto, no se nota.

¿Cuándo merece la pena un peritaje profesional?

Por debajo de cierto presupuesto y para un barco pequeño y sencillo, una revisión propia cuidadosa —siguiendo una checklist como la de este artículo— puede ser suficiente. Pero a partir de cierto valor de compra, o si el barco te va a llevar lejos de la costa, un peritaje náutico profesional (survey) es la mejor inversión que puedes hacer antes de firmar: un perito independiente inspecciona el casco con medidor de humedad, revisa la estructura, el motor y el aparejo con herramientas que un comprador particular no suele tener, y te entrega un informe por escrito que además te sirve para negociar el precio o para el seguro.

El coste de un peritaje suele rondar entre el 0,5% y el 1% del valor del barco. Comparado con lo que puede costar una sorpresa después de haber firmado, es una cifra pequeña.

Llévate la checklist impresa a la revisión

Revisar un velero en persona, con el vendedor delante y el reloj corriendo, es fácil que se te escape algo. Por eso hemos preparado una checklist en PDF con todo lo anterior organizado por bloques, pensada para imprimir y llevar en la mano durante la visita — para ir marcando cada punto sin depender de la memoria.

📄 Descargar checklist en PDF

Al final, comprar un velero de segunda mano no es muy distinto de aprobar el examen de patrón: no se trata de memorizar una lista, sino de entender por qué cada punto importa, para poder aplicarlo con criterio propio el día que estés delante de un barco real y tengas que decidir si firmas o sigues buscando.

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