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3.1 — Estabilidad

La estabilidad es la capacidad de un barco para recuperar su posición de equilibrio después de haberla perdido por un agente externo: un golpe de mar, una racha de viento o un desplazamiento de la carga.

Para entenderla hay que partir de dos puntos: el centro de gravedad (G), donde se concentra todo el peso del barco, y el centro de carena (C), punto de aplicación del empuje ascendente del agua, situado en el centro del volumen sumergido.

Centro de gravedad (G) y centro de carena (C) sobre silueta de casco

Centro de gravedad (G) y centro de carena (C) sobre silueta de casco

En reposo, ambas fuerzas están alineadas verticalmente y se anulan. Cuando el barco escora, el volumen sumergido cambia de forma y el centro de carena se desplaza lateralmente respecto al centro de gravedad. Esa separación crea un par de fuerzas —el momento adrizante o par de estabilidad (GZ)— que tiende a devolver el barco a su posición inicial. Cuanto mayor es la escora, mayor es ese brazo GZ, hasta un ángulo límite (que puede llegar a 130-140º en veleros de crucero) a partir del cual el barco ya no recupera la verticalidad.

Par adrizante GZ sobre un barco escorado, con los brazos de fuerza G y C marcados

Par adrizante GZ — barco escorado, brazos de fuerza

La estabilidad longitudinal sigue el mismo principio pero en el plano proa-popa; al ser los barcos mucho más largos que anchos, los movimientos en este eje son proporcionalmente menores, aunque el momento adrizante longitudinal es mucho mayor que el transversal.

Los tres tipos de equilibrio: estable, indiferente e inestable

Equilibrio estable, indiferente e inestable

Balance y cabezada

Balance: oscilación transversal del barco de una banda a otra. El tiempo que tarda en completar un ciclo se llama periodo de balance.

Cabezada: el mismo fenómeno marcado por la proa y la popa en dirección longitudinal, en general menos peligroso por el diseño hidrodinámico afilado de la proa.

Cuando el periodo de balance del barco coincide con el periodo de las olas se produce el sincronismo: la escora se amplifica en cada ciclo de forma progresiva y puede volverse peligrosa. Se corrige cambiando de rumbo o de velocidad para desincronizar ambos periodos.

Cómo gobernar para evitar riesgos

Recibir la mar por el través multiplica el riesgo de sincronismo y, si la altura de ola supera aproximadamente un tercio de la eslora, el riesgo de vuelco —especialmente con mar rompiente—. La técnica recomendada es alternar rumbos, tomando la ola primero por la amura y después por la aleta, evitando siempre presentar el costado.

Con cabezada el peligro no es el vuelco sino el llamado «pasar por ojo»: ser alcanzado por popa por una ola que hinca la proa en el mar, frena el barco en seco y rompe por encima de la cubierta. Para evitar pantocazos violentos conviene tomar la ola por la amura y no de frente.

También hay que prestar atención a la mar de estela de otras embarcaciones (especialmente motoras grandes), que genera trenes de olas cortas capaces de producir un balance intenso si se toman por el través, aunque no representen riesgo de vuelco.

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